Las fuentes

La biblioteca

Los libros que se leen acá no los escribimos ni los transcribimos nosotros. Alguien los pasó a limpio, letra por letra, y los dejó libres. Esta página dice quién.

Gracias

Nada de esto se pagó y nada de esto se cobró. Detrás de cada uno de estos libros hay alguien que se sentó a teclear cuatrocientas páginas de un muerto para que un desconocido las pudiera leer gratis, y que firmó con un alias o no firmó. Ese trabajo es la parte difícil; poner el texto en una página bonita es la fácil. Si algo de lo que se lee acá vale la pena, el mérito es de ellos.

Por qué se puede

Lo que sostiene esta biblioteca es la edad de las obras, no quién las escaneó: Cervantes, Dante, Hernández, Joyce o Njegoš llevan muertos el tiempo suficiente para que su texto sea de todos, y eso no lo cambia ningún sitio web. Por eso el texto que se aloja acá se toma siempre de una transcripción que dice con claridad que es libre —Gutenberg, Wikisource— y no de un PDF que no lo dice. Una digitalización puede reclamar derechos sobre sí misma aunque la obra sea antigua, y aunque quien la hizo sea una institución pública. A las que están en ese caso se las nombra y se las enlaza, que es lo que corresponde, pero no se las copia.

Y lo que no está

Los libros que siguen con derechos no se alojan ni se enlazan a una copia pirata: llevan una ficha que dice qué son y por qué no están, y hasta ahí. El puente sobre el Drina de Andrić y el Narnia de Lewis son los dos casos. Se compran o se piden en una biblioteca, como siempre. Los errores de transcripción que queden en las páginas de este sitio son nuestros y no de las bibliotecas de arriba: si ves uno, se agradece el aviso.